“Decláralo y recíbelo… ¿Es bíblico?”

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“Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”. Isaías 55:11

Mis amados hermanos, la perla de hoy nos trae como pensamiento bíblico central que solo la Palabra que sale de la boca de Dios tiene poder, sólo ella y nada más.  Hemos querido compartir este texto en este día, a propósito de muchos engañadores falsamente llamados “apóstoles” y de una camada de tele-evangelistas que andan propagando la antibíblica enseñanza del famoso y extendido “decláralo”; como si por el hecho de pronunciar con nuestros labios algunas palabras previamente ensayadas y aprendidas (una especie de mantra), o brotadas del deseo de nuestro corazón, o surgidas de la profundidad de nuestra necesidad, ya por eso se “crea o se transforma” la realidad; ellos pretenden vendernos la idea de que por el hecho de citar algunos textos bíblicos, muy sacados de contexto, ya por eso, un poder mágico emana de ellos, asistiéndonos para “crear un milagro con nuestras bocas”.

La pregunta del millón es: ¿dónde enseñan las Escrituras que por “declarar”, “decretar” o “establecer” algo con nuestros labios, eso lo convierte automáticamente en garantía plena para que suceda?, y más aún: ¿cuáles son los peligros de tan dañina, extrabíblica e infundada práctica? Permítanme enumerar en la perla de hoy algunas, y solo algunas consecuencias espirituales negativas de tan aberrante teología.  Primero, detrás de esta falsa creencia se esconde el herético error de afirmar que los creyentes son una especie de “semi-dioses” o “pequeños dioses”, que cuando hablan poseen el poder para crear, tal como lo hace Dios mismo. A estos evangelistas de la prosperidad, en su ambición desmedida por el lucro y la fama, les encanta citar Sal 82:6, muy fuera de contexto, para apoyar su distorsionada doctrina, donde se lee: “… Vosotros sois dioses”. Cuando la verdad es que el texto se refiere a los jueces de la tierra, a quienes Dios ha dado facultad de juzgar como lo hace Él. Este tan propagado error no es más que la misma falacia con que Satanás engañó a Adán y Eva cuando los condujo a pecar, diciéndoles: “… Seréis como Dios…” (Gn 3:5).

En segundo lugar, esta enseñanza atenta contra la doctrina de la soberanía de Dios. Es como si, a pesar de lo que Dios ha decretado que suceda en el mundo y con nuestras vidas, nosotros pudiésemos cambiar el curso de la realidad, sin tomar en consideración el plan de Dios diseñado por su santa y sabia voluntad para con nosotros. Esta doctrina del “decláralo” coloca los deseos egoístas y pecaminosos del hombre por encima de la voluntad de Dios, y reduce el Evangelio a una filosofía “antropocéntrica”, es decir, centrada en el hombre, compitiendo de esa manera con el mensaje teocéntrico y cristocéntrico que nos ha sido revelado en las Santas Escrituras.

En tercer lugar, esta corriente espiritual pretende enseñar que el hombre posee poder y autoridad ilimitada sobre todas las cosas. Es como si el hombre pudiese llamar “las cosas que no son como si fueran”, y torcer a voluntad el curso de la circunstancias con un simple “declarar cosas” a su favor, y ¡zassss! todo simplemente sucede. No seamos infantiles doctrinalmente, sino maduros en nuestra forma de pensar; no nos dejemos deslumbrar por el oropel y las fantasías de hombres corruptos de entendimiento que para sacar ventajas usan con astucia las artimañas del error (Ef 4:14). Y por último, en ninguna parte de las Escrituras se nos manda a orar de esta manera; la Biblia nos enseña que la oración es un reconocimiento de nuestra impotencia y de la dependencia total que tenemos del poder y la autoridad de Dios. Noten las palabras exactas de Nehemías al orar a Dios; en ningún momento él declara nada, ni reclama para sí mismo poder o autoridad, sino más bien, toda gloria, alabanza y reconocimiento son dirigidos a Dios, y solamente a Él: “Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran” (Neh 9:6). Amados, no tenemos nada que declarar, ya Dios todo lo ha declarado desde la eternidad pasada. Amén. 

 

 

 

 — ©  Reynaldo Perez

Cristianismo Conforme a las Escrituras 

           

Acerca de Jesús Alemán

Presidente de Jóvenes de la "Segunda Iglesia Bautista de Cárdenas" y Fundador de "EvangelioCuba". Lo puedes encontrar en "Twitter"

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